Sus orígenes y desarrollo personal

Camilo Otero con su padre Abelardo, en el negocio de Rúa Nova
Camilo Otero con su padre Abelardo, en el negocio de Rúa Nova

Camilo Otero Martín nace en 1932 en la casa familiar, situada en el número 21 de la Costa Nova, en Santiago de Compostela. Hijo de Lola y Abelardo, pescadera con puesto en la Plaza de Abastos  y librero en la Rúa Nova. Se podría decir que Camilo Otero, como sus hermanos Juan, Abelardo y Mercedes, es picheleiro por los cuatro costados. El cariño por su ciudad y su familia no pueden evitar que, una vez formado en la escuela de Artes y Oficios de Santiago -en donde recibe clases, entre otros, de Francisco Asorey-, y tras ejercer múltiples oficios, decida buscar un futuro en el mundo del arte que en la pequeña Compostela se le antoja difícil.

Con Dolores, su madre, en la Plaza de Abastos de Santiago de Compostela
Con Dolores, su madre, en la Plaza de Abastos de Santiago de Compostela

En 1956 Otero llega a Barcelona. En la capital catalana ejerce diversos oficios y consigue, pese a una carencia formativa general en cuestiones culturales, acceder a la Escuela de Superior de Bellas Artes Sant Jordi. Lo consigue gracias a sus trabajos en las pruebas prácticas, en los cuales descubren su capacidad artística nata. Permanece en la escuela y, por tanto, en la ciudad hasta 1961. Durante sus cinco años en Catalunya ejerce diversos oficios y realiza gran cantidad de imitaciones de figuras de Cristo, al estilo románico, y de la Virgen, al estilo Gótico, que llegan a venderse en anticuarios. En una entrevista de la época reconoce que vive “de falsificar santos románicos. Creo que en New York tengo un museo propio”, bromeaba.

Pasados los cinco años de aprendizaje en Barcelona, Otero Martín da el salto definitivo en su vida personal y profesional al trasladarse a París. La capital francesa sería su hogar la mayor parte de su vida.

Nuevamente ingresa en la Escuela Superior de Bellas artes y compagina su formación con todo tipo de trabajos que le permitan sobrevivir, como ser ayudante en un depósito de cadáveres. En esta época entra a colaborar y formarse con el escultor Collamarini, de quien guardaba excelentes recuerdos como mentor y amigo “un tío formidable y bueno profesor que me caló desde el primer momento”, aseguraba.

Santiago de Compostela, 1962

Exposición de 1962 en Santiago de Compostela
Exposición de 1962 en Santiago de Compostela

La carrera de Otero comienza a tener relevancia en su ciudad natal. En 1962 le llega la oportunidad de exponer su trabajo en el Hostal dos Reis Católicos, todavía máximo referente del alojamiento de Santiago y perteneciente a la red de Paradores. Prensa y actores relevantes del mundo cultural de la época se hacen eco del trabajo del joven escultor compostelano.

El repertorio de obras mostrado estaba configurado, básicamente, por obras de pequeño tamaño, salvo algunas piezas mayores. Buena parte de la colección expuesta fue realizada directamente en Santiago, pues el artista se traslada semanas antes a Santiago para prepararla.

La prensa del momento aseguraba que “ha sido quizá la de mayor éxito de las celebradas en Santiago en los últimos tiempos. Ha vendido Camilo Otero casi todas las esculturas que expuso…”.

Borobó, en uno de sus Anacos, retrata la exposición y se fija, sobre todo, en una escultura llamada Torero.

 

Fue antes una traviesa de ferrocarril, extraída a hombros de cuatro estudiantes de una estación suburbial parisina… Es la obra de un joven iluminado que sólo presenció en su vida una corrida de toros… Fue suficiente para esculpir la figura arquetípica del diestro, del matador, del maestro, predestinado a morir a las cinco de la tarde… Figura desnuda, ceñida por un adivinado capote de paseo, donde las piernas de torero que pintó Goya a Fernándo VII parece haberlas intuido Otero Martín en la curvatura castiza de su talla.

Borobó, Anacos, 1962.

Con Fernando Arrabal, jugando al ajedrez.
Con Fernando Arrabal, jugando al ajedrez.

Sin haber rematado 1962 Otero vuelve a partir hacia Europa. Entre el 11 y el 29 de Septiembre de 1963 expone una treintena de obras entre esculturas, pinturas y dibujos, en el Reuchlinhaus de Pforzheim, en Alemania. Permanecerá en el país bávaro dos años hasta que retorna a París, en donde continúa trabajando en proyectos como “un caballo a escala natural  en madera encargado por un rico arquitecto que quería conservar una imagen real de su caballo pura sangre. El primer boceto me salió desproporcionado, demasiado largo. Lo corté en rodajas hasta que e quedó corto… Tuve que modelarlo de nuevo y te aseguro que no quedó nada mal; he vuelto a verlo hace poco por casualidad… Me parece mentira que sea yo quien lo hizo” aseguraba el propio Otero Martín hace algunos años.

En los últimos años de la década de los sesenta el sentido de su obra se va depurando y va asumiendo una mayor aproximación a lo abstracto aún cuando tiende a dejar constancia, entre otros lugares en los propios títulos de sus obras, de lo que pudieran entenderse como sus fuentes de inspiración. Destaca en esta época una obra titulada Crucifixion. Fue presentada en el XXI Salón de escultura Joven de París, en 1969, y alabada en su momento por Robert Vrinat o Pierre Cabanne.

Otero, vete de una vez, huye hacia los montes o las islas, ve a construir catedrales -que es lo tuyo-, fabricar armarios de ogro, levantar planetas, blasfemar cara el mar. Deja este mundo corrupto y sus vanidades.

Fernando Arrabal. Introducción del catálogo de la exposición individual de Otero  en la Galería du Triangle, París, 1972.

Premio Bourdelle, 1975

En 1973, el poeta Jean Pierre Lemesle lleva a cabo una propuesta artística en las proximidades del Mont Blanc: Esculturas en la montaña. Poema en el espacio. En ella, en la Plateau d’Assy, reúne obras de más de veinte escultores configurando una especie de poema. Camilo Otero expone allí la Pasionaria, presentada en su primera versión, en madera, el año anterior en la Galería du Triangle, en París. De esta exposición se hicieron eco en la prensa de Galicia por medio de Luís Mariño y Luís Seoane. En 1975 Pasionaria viaja hasta el Salón de Mayo de París. En ese mismo un jurado compuesto por Couturier, Gilioli, Hajdu, Étienne Martin, Penalba y Antoine Poncet, le otorga el premio Bourdelle. Con él, Otero Martín consigue 2000 francos y el derecho a una exposición en el Museo Bourdelle con su correspondiente catálogo. En ella vuelve a exhibir su gran Pasionaria, esta vez en formato bronce.

A mediados de 1977 Luís Suárez Llanos, decano de la Facultad de Económicas de la Universidade de Santiago de Compostela, señala que va a llegar a Santiago una escultura de Camilo Otero Martín. La Pasionaria será ubicada al aire libre, en la isleta existente frente a la puerta principal del centro, donde todavía permanece.

Les trois belles Otero. Exposición. Jardín del Palacio Real, París.
Les trois belles Otero. Exposición. Jardín del Palacio Real, París.

Desde entonces la obra de Otero Martín será expuesta en multitud de ocasiones, a lo largo de toda Europa. En 1978 es el autor que inaugura la galería Vienner, en París. En 1979 su obra aparece destacada por la prensa francesa en la Ferie Internacional de Arte Contemporáneo. En 1980 uno de los dos ejemplares existentes de la Pasionaria se instala en Lyon, adquirida por la ciudad. En el mismo año otra obra de Otero, Cheval et Cavalier, se ubica en la Plaza Lucien Herr, en París, donde permanece hasta el día de hoy. En 1981 expone nuevamente en Compostela, en la Galería Sargadelos. Esta vez sus obras están acompañadas de fotografías de ambiente gallego realizadas por su esposa Cecilia. El mismo 1981 participa en la exposición internacional de arte de Estocolmo y recibe el gran Premio de Tapices por el tapiz Le Samurai en el Gran Palais de París, durante el encuentro Francia-Japón. En 1985 le otorgan el Premio Especial del Jurado en el Concours pour la Marianne, organizado por Europe 1.

Entre 1988 y 1991 pasa su etapa más dura. El primer año fallece Abelardo, su padre, y al año siguiente Dolores, su madre. Estos duros golpes no son más que el principio, pues en 1991 enferma y fallece Cecilia, su esposa. El cariño de esta por Galicia queda patente en el hecho de que sus cenizas se esparcen en el mar de Carnota, adorado por ambos. Ese mismo año dona 141 grabados al Museo do Pobo Galego, en Santiago de Compostela.

Otero recibe otro duro golpe en 1992. Un accidente en un taller de enmarcado en Vigo en donde se preparaban 296 dibujos para una exposición en la Universidade de Santiago de Compostela, destruye totalmente 37 obras y daña seriamente otros 150.

Ese mismo año rechaza la Medalla Castelao, concedida por la Xunta de Galicia.

Son sus años más duros.

Una nueva juventud

En 1993 conoce en Orleans, Francia, a Virginie, con quien recupera la alegría y vitalidad de años atrás. Un año más tarde, en 1994, una nueva obra de Otero Martín se instala en su ciudad natal, en el parque de Vite, junto a Ponte Mantible. La obra, llamada Pórtico da Gloria,  permanece en el mismo lugar. Ese mismo año una parte de la prensa anuncia, erróneamente, el fallecimiento de Otero Martín. El error viene dado por el fallecimiento del también escultor Otero Besteiro.

camilooteroeacdm1995 fue un año que marcará los últimos años de Camilo. Por un lado se confirma su retorno a Galicia desde París. Tras muchos años dándole vueltas a la idea, encuentra una antigua casa en las proximidades de Santiago que se adapta a las necesidades del artista. En ese mismo año comienzan los trabajos de acondicionamiento de la misma para acoger su obra y taller. Antes de terminar el año Camilo es padre por tercera vez, algo que inevitablemente da nuevos bríos al Camilo padre pero también al Camilo artista, en donde refelja este acontecimiento.

En el año siguiente se celebra en el Auditorio de Galicia la exposición Camilo Otero e a creación do mundo, que en las salas de exposiciones pero también en los exteriores, muestra un recorrido por los veinticinco últimos años de la obra del artista.

En los siguientes años se terminan las obras en la vivienda de Camilo en Galicia y este retorna de forma efectiva desde París a su tierra natal, en donde seguirá trabajando y exponiendo hasta su fallecimiento, en Santiago de Compostela, en agosto de 2003.

Sus cenizas descansan en el mar de Carnota, junto a Cecilia.

 

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